Sobre vida y muerte en sentido extramoral, ó cómo hacer lazo (político) extasiado.

 

Por Oriana Seccia

 

A mi tío Juan

 

“Una subjetivación política vuelve a recortar el campo de la experiencia que daba a cada uno su identidad con su parte. Deshace y recompone las relaciones entre los modos del hacer, los modos del ser y los modos del decir que definen la organización sensible de la comunidad (…) Un sujeto político no es un grupo que ‘toma conciencia’ de sí mismo (…) Es un operador que une y desune las regiones, las identidades (…) en la configuración de la experiencia dada, es decir en el nudo entre los repartos del orden policial y lo que ya está inscripto allí de igualdad, por más frágiles y fugaces que sean esas inscripciones.”

 

Jacques Ranciere – El desacuerdo

 

1

Todo poder opera mediante una razón identificante (¿o esta es sólo la forma de operar del poder a partir del modo de producción capitalista, en tanto correlato de la lógica del equivalente universal?). Sin embargo, existe un momento de sustracción del lenguaje en experiencias límites como lo pueden ser la muerte[i] o las fiestas electrónicas. Este momento des-identificante marca la resistencia frente a la cual el poder se erige como tal. ¿Es posible articular como lazo social ese momento de silencio, fuera del orden significante, como resistencia perdurable, como forma de lucha contra un sistema muy concreto y actual: el capitalismo? ¿O acaso todo lazo por su naturaleza de lazo impondría el momento identificatorio, de legibilidad?

 

2

Éxtasis

Fiesta electrónica: es posible encontrarse en ella, ligada a la experiencia del éxtasis u otras drogas ricas del ambiente como lo pueden ser el popper (un vaso dilatador inhalante) o el MDMA (metilendioximetanfetamina), un momento de ruptura radical en términos de experiencia de uno mismo y de relación con los otros. Con uno mismo, un bienestar desbordante, que no es precisamente consciencia: fluye, pasa, y también con los otros, y de manera colectiva, ya que espontáneamente se dan relaciones de extremada fraternidad donde, por ejemplo, se olvida el carácter de mercancía de las drogas (experiencia personal: varias veces me ofrecieron regalarme drogas cuya dosis superaba los 50 pesos: 50 pesos, desvalorizados), y también hay una pérdida del principio de individuación, mezcla con la masa, al estar todos saltando al mismo tiempo al son del beat (algo así como lo que Nietzsche describe como influencia del espíritu dionisiaco en las fiestas colectivas). No uno, sino todos, extrañamente. Sin coordinarlo, de repente toda la pista está bailando al ras del piso, para estallar llevados por la música en el mismo instante: todos, y «ninguno».

 

Extasiado

Pero, ¿qué pasa luego con esta experiencia? Rápidamente se institucionaliza: vas a tomarte una pasti con tus amigos, y ya sabes que al rato te va a pasar eso, aún inexplicable, pero ya no intempestivo. Al rato les vas a decir que los querés más que a aquel osito de tu infancia, etc., etc. Al mismo tiempo, también vuelven a hacerse inteligibles y notorias las diferencias de extracciones de clase. En este sentido, puede leerse como significativa la baja popularidad entre las clases de más acomodada extracción que tuvo la primer Creamfields que se realizó en Lugano. Ante la ritualizacion de la práctica, sus potenciales de desestabilización fueron re-inscriptos en la lógica de la sociedad de clases, y su consecuente tendencia a la cada vez más pronunciada in-convivencia de distintas clases sociales en mismos espacios, o a su convivencia en mismos espacios pero con apropiaciones u ocupaciones del espacio simbólico diferenciales.

Entonces,  la pregunta política acá sería: ¿es posible mantener ese instante de redención, donde hay una noción de comunidad, pero no opresiva?

 

3

Muerte

Irrumpe. Primero, no lo puedo creer, ni siquiera me puede doler, experiencia limite de pérdida de coordenadas espacio- temporales. Barreras con seres queridos levantadas por un abrazo instantáneo, quiebras emocionales sin deudores ni acreedores, sin banqueros ni bancados, sin grandes ni chicos.

 

Muerto

“Muerte súbita. De un hombre joven. De un padre. Querido.

Todos se juntan inmediatamente en la casa. Y al principio lloran. Pero después se quedan ahí. Mirándose las caras, ya inexpresivas, con tedio inconfesado. Y dan las 5. Los envoltorios de chocolates se van apilando, sin gusto, sin que nadie los levante…”

 

Pero después se disipa. La muerte es un muerto, bien muerto. O mejor dicho: hay que arreglar papeles en el hospital, hablar con la funeraria, reservar un lugar donde morirse: la muerte sustancializada, nuevamente del lado de la presencia, de lo inteligible, del lado de la vida. Y después el funeral, el duelo colectivo: decir quien se murió (que quede claro, eh?!)

¿Por qué esa necesidad de duelo colectiva? Es verdad que para que alguien muera es necesario dar la muerte (declararla, conjurarla[ii]) pero,  ¿por qué el duelo tiene que ser colectivo? ¿Todos juntos llorándolo de la misma manera? Pareciera ser que es un ritual más orientado a crear una pena colectiva, donde la  necesidad del dolor es impuesta, donde es imposible responder al “¿Cómo estás?” Con un “Bien”, más que para acompañar a alguien realmente en su sufrimiento. Ya que, ¿realmente cuánto se puede sentir estando todos apretujados en un velorio?

El duelo es productivo: tantos días de duelo y después a trabajar. Sin embargo, en la muerte de alguien, la vinculación con la experiencia del dolor podría ser transformadora: situar a un individuo en su experiencia, de manera absolutamente material e inconmensurable, por fuera de una conciencia reificada del acaecer…

 

¿Sería posible crear un lazo social desde ese momento de suspensión del lenguaje? Sin coerción, porque tal vez no hay entendimiento, porque tal vez hay individuo, en el sentido señalado por Adorno en la experiencia de la obra de arte. ¿Es posible pensar un lazo social diferente, no coercitivo, más libre, sin culpa?

 

4

En esa tensión me mantengo. A ello parecerían apuntar la política postmoderna en el buen sentido: Deleuze, Foucault, Badiou: una política de la sustracción. Pero tal vez siguiendo los ejemplos que nos provee la historia tengamos que ponerle un freno al deseo de la teoría, y estar de acuerdo con Laclau que la forma de la política es aquel retornar a un uno, a un todos, que siempre va a estar marcado por su incompletitud, pero que necesariamente tiende a asumir esa forma. Entonces, ¿sería posible a partir de esas experiencias limites re-articularlas en un todo opositor al actual? ¿O acaso en tanto pretendan articularse, harán bulbo, se conformaran en un todo que elimine su momento intempestivo, cayendo en otra institucionalización, pero institucionalización al fin: voy con mis amigos a ver un DJ y ya sé que me va a pasar, lloraré en el funeral, etc.?

 

5

Varios pensadores insurrectos señalaron como mecanismo fundamental de operación del poder, y no cualquier poder, sino del poder dentro de las sociedades capitalistas, surcadas inherentemente por relaciones de explotación, lo que denominaremos ampliamente efectos de identidad. Identidad puede ser pensada en dos sentidos: personal, como formación de individuos estables a través del tiempo y con una dimensión de interioridad y responsabilidad por sus actos[iii], y también como inscripción significante de las prácticas, cortar el acaecer informe del mundo en situaciones, nombres. No hay nombre sin poder, por lo cual la pregunta por el qué del significado, debe ser cambiado por un quién[iv]. En esta línea, podemos pensar una relación de equivalencia entre varios autores: Deleuze al decir que el poder hace bulbo, fija flujos, agenciamientos. Por otro, Adorno[v], al señalar el estrecho vinculo entre el principio de identidad y el de la dominación, que se hace presente en su concepción del concepto como violencia sobre la cosa, y en su crítica a la autenticidad en lo que concierne al individuo burgués, siendo la razón identificante la forma primordial de relacionarse con el mundo en tanto ésta sea una sociedad falsa, donde la explotación del hombre por el hombre se perpetua aun en la conciencia reificada del amo (ya no hay quien dirija el barco, no hay teleología ni astucia del Capital[vi]), o mismo en Marx al postular que el fetichismo de la mercancía como forma de las relaciones sociales dentro del régimen capitalista de producción se monta sobre la lógica del  equivalente universal. O, aunque se esfuercen en separarlos, también podemos encontrar este planteo en Nietzsche, donde el poder opera mediante la producción de sujetos, “idénticos” a si mismos a través del tiempo, como manifestaciones de una voluntad de poder[vii]

Habiéndose señalado esta forma de operar del poder, principalmente a partir de los 60’s se intentó pensar una nueva forma de hacer política insurrecta siendo consistente con el reconocimiento de este modo de operar: hacer n-1 en Deleuze, la microfísica en Foucault ( quien señala la experimentación de drogas como forma de sustracción a las experiencias ya recortadas y decibles por la sociedad, a la vez que motivarían desplazamientos en las formas admitidas e inteligibles de subjetivación[viii]), la sustracción al Estado en Badiou, y todas las valoraciones de experiencias limites : la muerte, el erotismo, y desbordes dionisiacos variados.

Sin embargo, hay siempre un retorno a la política macro, que para sintetizar, pero que no se agota sólo en él, llamaremos, Estado. Por ejemplo, ¿qué sucede cuando la encarnación de este nuevo paradigma político, como lo pueden ser las luchas por los derechos de las minorías sexuales ( y no me refiero a aquellas que como forma de resistencia re-fundaban un trasfondo identitario, un ser-homosexual esencial[ix]), que precisamente aspiraban a la liberación del nombre, a la indiferencia, a desplazar el par falo-heterocéntrico en pos a desdibujar su identidad marcada como homosexuales, bisexuales, etc. (espero que el etc. sea entendido precisamente por la irrelevancia de prolongar los rótulos al infinito, “ampliarlos”) le piden al estado que le reconozca iguales derechos? ¿Cómo leer este retorno?

 

6

También, para pensar en términos materialistas (pasados por Weber), es necesario considerar la autonomía de las esferas. Tal vez el pensamiento, también material, pero más veloz, debe persistir en el momento de n-1, en la desidentificacion, pero a su vez comprender su diferencia con el terreno histórico político: y allí comprometerse con acciones como la Carta Abierta. El pensamiento debe mantenerse critico y soberano, sin por ello dejar de pensar su anclaje histórico, su momento social (el de sí mismo y el de su “afuera”)

 

7

La identidad es un necesario desconocimiento, ya que tras el Yo no hay sustancia. ¿Cómo liberar el potencial de ese desconocimiento hacia identidades en fuga, que se escapen por los intersticios de los grandes rótulos de la vida social (hombre/mujer, heterosexual/homosexual), ya que el gran aporte de las feministas es pensar cómo la sociedad se reproduce en su estructura clasista mediante etiquetas que no necesariamente refieren a esa condición estructural?, ¿dado que ese desconocimiento en el cual se basa la identidad del individuo, ya es utilizado en pos al sistema mediante lo que Althusser denominó la interpelación ideológica? Tal como sostiene Lacan[x], el yo sólo se forma en tanto reflejado en otra forma a la que se le atribuye una subjetividad completa. Estos mecanismos se articulan en la sociedad de clases creando subjetividades a partir de un Sujeto burgués, con determinaciones de clase que crean mecanismos identificatorios que guían ese desconocimiento sobre el que se articula toda identidad, a un desconocimiento de las condiciones materiales de vida de la mayoría de sus receptores-sujetos. Por ejemplo, los comerciales sólo le muestran al pobre, a quien interpelan como sujeto, condiciones de vida a las que solo pueden aspirar los ricos. Esto es visible con tan sólo pensar en la mayoría de las casas donde transcurren las propagandas o en fijarse en los modelas de belleza que promueven, aquellos a los que no puede acceder quien comió harina y aceite toda su vida.

 

8

Sospecha: ser críticos respecto a la idea de que más individuo puede ser liberador (en el sentido en que lo piensa Adorno, que puede ser pensado en serie con el hacer n-1 de Deleuze). Ello podría ser parte de lo que Foucault llamó “la ironía del dispositivo de la sexualidad”: pensar que en él reside nuestra liberación. ¿Por qué digo esto? Porque la postulación de la individualidad como opositiva a un todo social surcado por relaciones de dominación es tributario de las formas de existencia, de las condiciones de vida, principalmente de la clase burguesa: en las villas miseria, por ejemplo, esta noción de individuo individualista resultaría una trasposición extraña a su realidad, ya que producen todos juntos, comen en comedores populares todos juntos, hay niños siempre rondando, etc., etc. Es decir, es necesario no transpolar la idea de individuo automáticamente, tal como es igualmente necesario tampoco idealizar el sentido común de estas clases, ya que es sabido que en algunas áreas puede considerarse aun más reaccionario que el de las clases dominantes, que pueden permitirse ser cínicas. Una posible explicación de esta diferencia podría ser precisamente la más apremiante necesidad de las clases bajas de compartir un universo simbólico del que materialmente se encuentran excluidos, mientras que el burgués, con su distancia practica de la cosa, puede prescindir, de manera políticamente correcta, de los prejuicios que sustentan su posición en el todo social capitalistamente estructurado.

Producto del capitalismo es el individuo. Persistir solamente en él como forma de crítica es propia de un legitimismo social incuestionado[xi].

 

9

¿Qué quiero decir con todo esto? Es que la sustracción sola no puede ser efectiva. Es necesaria una coordinación de la sustraccion, como condición de una practica practica (Deleuze), ya que es necesario contar con ciertos presupuestos, fuerza, para que ella sea feliz, dado que, de lo contrario, la sustracción se pierde ante la identidad persistente del sistema. Y aquí es donde creo que es necesario rescatar a la comunidad, otra, pero con su potencia, tal como se la escucha en el grito eufórico de un gol en la cancha.

 

 

 


 

[i]Por otra parte, este límite es al mismo tiempo el exterior constitutivo de toda experiencia decible, el motivo de su ordenamiento, su punto ciego necesario – tal como la producción del valor lo es para la economía burguesa. En este sentido, la muerte ha funcionado como metáfora de la ausencia que permite el proceso de significación mediante las leyes del pensamiento simbólico.

[ii] Al respecto véase Derrida, Espectros de Marx, y otros.

[iii] Esta creación del sujeto, es precisamente de la que intenta dar cuenta La genealogía de la moral de Nietzsche, cuya pregunta central es ¿cómo crear a un animal al que le sea licito sostener promesas? (“¿Como se le puede hacer al animal humano una memoria?”)   

[iv] Sin entender por ello que tras el mundo y sus representaciones hay un Sujeto garantizándolo: hay fuerzas, relaciones de poder en pugna, que no pueden ser clasificables dentro del régimen de la sustancia, de la identidad, sino que precisamente éstas son sus efectos siempre parciales, en un devenir eternamente diferente de sí mismo de lo real.

[v] Para una interesante vinculación entre Deleuze y Adorno en el sentido de remarcar su potencial emancipatorio véase esteban y nuria

[vi] Aunque, -en contra de una lectura meramente academicista del autor- no olvidar: ¡hay capitalistas!

 

[vii] En este sentido resultan interesantes las apreciaciones de de Vattimo en El sujeto y la máscara respecto a las varias alusiones de Nietzsche al referirse a la personalidad como la interiorización de un gobierno, como partes en pugna y que mantienen relaciones jerárquicas entre sí. Por otra parte, ello da cuenta de la ruptura fundamental de Nietzsche con los presupuestos de la teoría del conocimiento occidental, planteados en términos de S-O, fundamentados en último término en la presunción originaria de un Sujeto.

[viii] En este sentido véase Microfísica del poder. Para rastrear alusiones directas al tema de la droga, puede leerse la entrevista “Más allá del Bien y del Mal” de ese libro.

[ix] Para una agudísima critica sobre este punto léase “Matan a una marica” de Perlongher.

[x] En “El estadio del espejo como formador de la función del yo tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica” en Escritos I, entre otros.

[xi] “Precisamente como absoluto es el individuo mera forma refleja de las relaciones de propiedad (…) La autenticidad no es otra cosa que el obstinado y altanero encasillarse en la forma monadológica que la opresión social imprime al hombre”. Adorno, Minima Moralia: reflexiones desde la vida dañada.

 

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